Mis sueños, como los del resto de los mortales, supongo, están condicionados por las experiencias del día a día. A menudo, sueño con situaciones que he vivido, personas con las que me he cruzado, conversaciones que he tenido. Tengo una actividad onírica desorbitante y, si me esfuerzo por ello, suelo recordar los sueños como si hubiese visto una película.
Hace unos días mi hermano me envió esto al Whatsapp:

Lo vi al salir de trabajar y, mientras cenaba en casa, sentí curiosidad por saber más sobre el tema, así que lo busqué en YouTube para ver si Mauricio PC había hecho una reconstrucción sobre este vuelo en concreto. No encontré su vídeo (que sí que ha hecho la reconstrucción del caso), pero encontré este otro para satisfacer mi morbosa curiosidad:
Tendría que haberme imaginado que, tras este evento, mis dulces sueños se verían truncados para acabar siendo reemplazados por terribles pesadillas. De hecho, observar aviones estrellándose delante de mis narices es, a día de hoy, mi pesadilla más recurrente.
Me encuentro en el aparcamiento que divide Romo de Las Arenas, lo que llaman el Bronx (o a saber qué otros nombres tendrá). Hay mucha gente, aunque no tengo muy claro por qué. Entonces veo un avión sobrevolando el aparcamiento. Demasiado bajo como para llegar al aeropuerto si sigue descendiendo. Pero esto no es otro de mis sueños, esto es la vida real y en la vida real los aviones no se caen del cielo delante de tus narices.
Entonces el avión hace una pirueta acrobática de 360º en el aire. Qué extraño, los aviones de pasajeros no hacen esas cosas y menos a tan baja altitud, pero, ¿qué sabré yo de aviación?
Me quedo mirando al avión embobada. Presiento que se va a caer del aire, pero nadie más parece preocuparse, así que a lo mejor es que soy una exagerada, una angustias, una paranoica.
Es entonces cuando el avión se cae, cae en picado, lo veo descender a una velocidad vertiginosa. Se acabó. No lo veo estrellarse contra el suelo porque el aparcamiento está situado entre edificios y el avión ha caído al otro lado de los edificios de la parte de Romo. De todas formas, no hace falta ser muy lista para saber que ahí no se ha podido salvar ni el apuntador.
Me invade una terrible angustia. Volar siempre me ha dado pánico y ver caer un avión casi a mis pies lo hace todavía más aterrador si cabe. El resto de los mortales a mi alrededor, no obstante, no parecen haberse inmutado sobre el tema, pero sí que empieza a llenarse el aparcamiento cada vez de más gente.
Entonces hace entra triunfal en mi campo de visión otro avión comercial. Este vuela igual de bajo que el anterior. ¿Por qué no pueden sobrevolarnos a una altitud normal? Casi parece que se van a dar contra los tejados, joder.
Pero, ¿qué es lo que ven mis ojos? Este segundo avión realiza otra pirueta de 360º. ¿Qué narices está pasando? ¿Se han vuelto locos todos los pilotos del mundo? ¿A qué narices están jugando? Empiezo a sudar, se me acelera el pulso y me tiemblan las piernas. Sé lo que viene a continuación. El avión no logra recobrar la posición horizontal y se cae del cielo. Esta vez cae en el lado de Las Arenas. Se oye una gran explosión. Este impacto ha sido mucho más bestial que el anterior. De hecho, un trozo de avión rebota y cae dentro de un río que hay en el aparcamiento. (Espera, ¿hay un río en el aparcamiento? Nunca antes lo había visto).
Se escucha cómo la combustión de los restos del avión chamuscado se extingue al contacto con el agua y parte del avión se hunde en lo que parece ser un río muy profundo. (En serio, ¿cuándo apareció ese río?). Quiero correr hacia él para ver si puedo rescatar a alguien, pero el mundo de la aviación se ha desmadrado y es extremadamente peligroso permanecer al aire libre. El cielo comienza a llenarse de aviones y he salvado el culo en dos ocasiones ya, a la mejor a la tercera no corro tanta suerte…
En el pueblo la gente comienza a hablar sobre la posible construcción de un búnker en el que refugiarnos cuando se acerque algún avión. Esto se ha vuelto muy peligroso y ya no estamos a salvo ni dentro de nuestras casas.
Antes soñaba con ascensores en los que me quedaba atrapaba. En ocasiones, estos empezaban a ascender hacia la estratosfera, otras veces, se desprendía el suelo del resto del cubículo y yo caía en picado. Por culpa de estas pesadillas, me cuesta mucho entrar en ciertos ascensores, sobre todo si son muy pequeños, y aún en sueños me recuerdo a mí misma que no debo subir en uno, que ya sé lo que pasa, aunque luego me digo a mí misma que eso solo pasa en los sueños y esto es la vida real… Cuando estoy dormida me cuesta un mundo diferenciar la realidad de los sueños. Supongo que es algo totalmente normal.
Últimamente, he dejado los ascensores a un lado y los aviones se han apoderado de mis pesadillas. Mentiría si dijera que esto no me ha condicionado a la hora de viajar…
